Kósquires

Las Orquídeas

por Fernando Rusquellas

¡Parece mentira que seas tan descuidada! – Hortensia no estaba enojada, simplemente contrariada, tal vez desilusionada o impresionada.

La taza del desayuno, yacía volcada sobre el apenas unos instantes atrás impoluto mantel de hilo blanco.

– La culpa es de la cucharita, tiene el mango demasiado largo y… – Protestó Gertrudis restregando la mesa con el extremo de su pañoleta de lana rosada.

– ¡Mamá!… ¡La pañoleta!

El doctor Lourido, después de un minucioso examen, concluyó su diagnóstico. Más que un diagnóstico, un veredicto: Locura Senil Progresiva.

«Geriátrico Las Orquídeas». Horarios. Martes y Jueves de 15 a 18, domingos 14 a 20hs». Conversaciones en el jardín. Besos. Lágrimas. »- Mamá…será sólo por unos días,… hasta que te mejores». Regalito culposo. Pantuflas de corderito, nuevitas. Pasitos cortos, arrastrados. Dudas. Postre de almendras. – ¡Cómo que no, siempre te gustaba! – Despedida. Más lágrimas. Culpa. El tren de vuelta. La cama vacía, la mesita de luz. Silencio.

Hortensia: Sensaciones encontradas, según el momento del día o de la noche prevalecían una o la otra.

Poco a poco fue retornando la rutina. Horarios. Desayuno. Los niños al colegio. Compras. Alimento para Félix, el gatito mimado de Gertrudis. La camisa planchada para Osvaldo. Visitas los jueves y los domingos.

Ahora espaciadas, Jueves o domingos. Disculpas.

-No quiero que los niños vengan sólos… hay mucha inseguridad,… sobre todo en este barrio… yo misma… – Balanceo a uno y otro lado. La mirada fija, perdida, lejana, ausente.

– …La tele informa todos los días de asaltos en esta zona… es por eso que no venimos más a menudo… Mamá, yo… no creas que… Te extrañamos mucho… Culpa. Pretextos. Dolor. Promesas.

A la siguiente semana la enfermera se acercó a Hortensia y le habló en voz baja, casi inaudible. Pañales descartables para adultos.

La conversación con Gertrudis era la misma semana a semana, hasta que, animándose repentina, inesperadamente dijo con claridad y entusiasmo:

– ¿Sabés nena?, ¡Estoy de novia! – Esta vez fue Hortensia quien enmudeció. – Sí, un joven muy apuesto se me declaró y no pude resistirme, así como te dije, ¡estoy de novia!

-¿Un joven muy apuesto? – Preguntó Hortensia entre intrigada y divertida -¿Y dónde lo conociste?

-¡Acá, en el mercado, por supuesto! ¿Ves? ahí está, esperándome. – Gertrudis señalaba con disimulo a un anciano calvo, de mirada perdida, que sentado en un sillón movía rítmicamente sus puños cerrados sobre las rodillas. – En prueba de su amor me obsequió este collar… – Confesó, y con picardía desprendió el primer botón de su blusa dejando al descubierto un doble collar de perlas naturales.

-¡Parece que va muy en serio! – Atinó Hortensia confundida, ensayando una mueca burlona.

Los síntomas aumentaban paulatinamente, en cada visita semanal Hortensia podía notar el deterioro de la salud de su mamá al tiempo que ésta le mostraba un nuevo y costoso regalo del «joven» enamorado.

-Todas las noches, cuando salimos a dar una vuelta tiene alguna sorpresa para mi. ¡Es tan caballero…! – Insistía Gertrudis con entusiasmo, tras lo cual volvía a sumirse en un silencio impenetrable, con la mirada ausente.

De regreso a casa, Hortensia aprovechaba los momentos en que Martincito miraba sus dibujos animados preferidos en la televisión para comunicarle a Osvaldo las últimas novedades. Sonriendo con un dejo de tristeza le contaba detalles de la inesperada conquista amorosa de Gertrudis, el collar de perlas, el anillo de esmeraldas, el pequeño y coqueto reloj de oro, la hermosa plaqueta de plata ornamentada con minúsculos diamantes y aunque Gertrudis nunca había fumado, la tabaquera de plata con incrustaciones de piedras semipreciosas. Se preguntaban dónde guardaría esos tesoros aquel anciano aparentemente apático e indefenso. Dudaban de si sería conveniente hablar con los familiares de este hombre para informarles que estaba deshaciéndose de sus valiosas pertenencias, o si sería contraproducente y terminarían produciéndole un daño. Todo esto lo comentaban en voz baja para conservar en la memoria inocente del nieto la imagen sana de su abuelita. La conversación se interrumpió sorpresivamente:

– ¡Má! – Vociferó Martincito desde su dormitorio – ¡Está la Abuela en la tele!

Ni Hortensia ni Osvaldo llegaron a ver nada pero alcanzaron a oir al locutor del noticiero justo en el momento en que decía…

»…la pareja de ancianos indocumentados, apresados en horas de la noche por efectivos de la Policía Federal, dicen llamarse Lasorquídeas y se confesaron responsables de los misteriosos atracos a mano armada en el barrio de… 

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