Kósquires

Categoría: Ensayo

La Sencilla Ceremonia de Compartir las Migas

por Fernando Rusquellas


Compartir las migas, aunque sean las últimas que nos quedan, es un acto único, silencioso, íntimo, mágico.

No es un acto piadoso producto de la educación ni del razonamiento.

No es un acto volitivo.

Es vivido como un reencuentro con alguien conocido desde siempre. Desde la eternidad.

Los amigos preexisten desde el nacimiento mismo. No se forman, se los encuentra.

Es un re-encuentro, un re-conocimiento.

Se los reconoce sin dudar entre una multitud (a veces el mutuo reconocimiento no es inmediato, suele llevar su tiempo).

Todo entre amigos es «a migas».

Competencia y egoísmo son palabras desconocidas en el lenguaje de la amistad.

Sea la amistad una forma del amor, tal vez la más pura, la más completa. No intervienen aquí los intereses, la belleza, el género, el sexo, la edad o la raza, ni siquiera la especie.

La amistad no es tan frecuente como suele suponerse.

Puede confundirse con conocimiento, compañerismo, vecindad, parentesco, atracción física o interés laboral o económico. Esta confusión se deba a un vacío en el idioma, a la falta de una palabra que diferencie aquello que vulgarmente llamamos amistad de la más rara AMISTAD, con mayúscula.

Es probable que el amplio espectro de modalidades de relación que vulgarmente integran la idea «amigo» señale a todo aquel que no es «enemigo». «Si no es esto es exactamente lo contrario». Una conclusión demasiado simplista.

Esta confusión no es sólo un asunto semántico.

En la práctica la confusión de significado entre amistad y AMISTAD puede tener consecuencias inesperadas, desagradables, dolorosas, en ocasiones hasta trágicas.

El duro límite entre estas tan diferentes modalidades en la relación se encuentra idiomáticamente desdibujado.

La imprecisión en el lenguaje se traduce en una confusión en la conducta de quienes utilizan esa ambigua única palabra para definir sus relaciónes con otro u otros.

Intuitivamente se compensa parcialmente la falencia en el idioma con denominaciones tales como «gran amigo», «verdadero amigo», «amigo con mayúscula», «amigo íntimo etc.» Pero estas denominaciones, al generalizarse su uso, se empobrecen adoptando aquel mismo significado ambiguo, amplio e impreciso.

Sería deseable se abandone la utilización de una palabra tan sagrada en su acepción bastarda y se reserve para su misión específica. Sin pudor debería utilizarse «vecino, conocido, pariente, compañero, socio…» No hay ningún impedimento para que a cualquiera de estas distintas formas de relación pueda sumarse otra, mucho más profunda, la amistad …o enemistad.


Licencia Creative Commons
La Sencilla Ceremonia de Compartir las Migas por Fernando Rusquellas se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.

Comments are closed.