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Categoría: Ensayo

La Otra Opción

Paula Rusquellas

Ir mirando por la ventanilla, el asfalto, los adoquines, el cordón, la zanja desbordada de espuma, hojas naufragando, la calle, la gente en la calle, las viejas barriendo la vereda, las chusmas chusmeando en la esquina, los novios que van a encontrarse cuando el semáforo nos libere. Los chicos tras la pelota, los árboles, los postes, los afiches rotos, los autos lindos, los autos autos pez, los ciclistas, los motociclistas, las casas viejas, los albañiles en los andamios, las casas cubetera, las vidrieras nuevas, los negocios viejos, los gorriones buscando migas, las palomas en los cables, los gatos en las cornisas, los perros contra los árboles.


La señora en pantuflas rosadas, el viejito con bastón y sombrero, el chabón con los pantalones caídos, las chicas que se caen de la risa, el oficinista recién planchado, el olor a tintorería, el borracho que amanece de su octava siesta. La que se persigna y pierde el equilibrio.
Escuchar fragmentos de conversaciones, conversaciones enteras de los del asiento de atrás, inventarles caras.
Suspiros, crujidos, bocinazos, puteadas, cierres, el timbre, el plegarse de la puerta, el aire de los frenos, las frenadas. El que estornuda, salud, el que tose, gracias de nada, tose, es que refrescó, tose, desde cuándo este clima a esta altura del año? Qué le va a hacer? Baja?, ya toqué hay que ver si para, hacen lo que quieren, !Parada!.
Observar a los compañeros de pasaje, adivinarles la historia, el destino, Ida o vuelta?seguir las miradas, compartir la indignación por la aceleración brusca, por la gorda que te empuja, el tipo que te apoya, la mochila del chico, la cartera enorme de la señora, la cartera de la dama el bolsillo del caballero, la maqueta de la jovencita, el nene que te tira del pelo. Los que te pisan los pies te meten el codo en los riñones, la barriga en la cara el silbido en los oidos. El que escucha música a todo volúmen. El que lee y no deja ver la tapa del libro, el que pasa las hojas del diario muy rápido, el que lleva el diario plegado como una papirola.
La nenita aburrida que no deja de mirarte fijo, la madre que la ignora, la nenita que lame el pasamanos, la nenita que se traga el boleto, la hermana de la nenita que hace volar la bufanda por la ventanilla.
El vendedor ambulante, el payasito insoportable, la mina apoyada en el respaldo del colectivero, el colectivero que la mira por el retrovisor, el colado, el punga, un asiento para la señora!, el que se desparrama ocupando doble asiento, el que mira para otro lado cuando sube el enyesado.
La que lleva tres docenas de huevos, el que compró un cactus, una silla, un cello, una araña en un frasco, una bolsa de cemento, el acolchado doble plaza recién lavado, una torta de dos pisos, una muñeca que canta, un despertador en el portafolios.
La que teje sin perder ni un punto, la que se pone delineador sin perder un ojo, el que se corta las uñas, el que se escarba la oreja, el que amasa bolitas de mocos, el que se duerme contra la ventanilla y se golpea y se babea y se golpea y se asusta. La impronta de una frente en el vidrio.
Dos nombres y una flecha, una fecha, un nombre tachado con furia, la palabra incomprensible que no vas a descifrar en muchos viajes en el mismo asiento. Un cristo con túnica de boca. Slogans políticos de campañas perdidas. Use el martillo en caso de emergencia.
El que se acomoda a mirar como bajan las chicas, la que se cuela para bajar primero, la que no llega al timbre, el timbre que da patadas, el pasamanos que se termina , el escalón que falta, el nene que no deja y no deja y no deja de tocar el timbre.

Uno con todos esos mensajes del presente.

Uno solo con uno mismo.

O cada uno con su teléfono enviando mensajes a otro que está solo con su propio teléfono ignorando los mensajes de su propio presente.

 

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