Kósquires

Categoría: Prosa Poética

El Niño del Cielo

Ricardo Lewitan

No es cierto. ¡No es cierto!

No me importa lo que digan…yo lo vi con mis propios ojos. Él estaba ahí y no es la primera vez que lo veo.

Siempre fuiste fantasioso, imaginando tonterías, pero ésta supera a todas.

El hospital estaba en penumbras. La noche era cálida y lluviosa, todos dormían. El goteo de una canilla lejana resonaba en mi cabeza rítmicamente. Fue la primera vez que lo vi.

Salió de una habitación en el fondo del pasillo con otro niño, como de ocho o diez años, tomándolo de su mano; no hablaban. Pasaron frente a mí caminando sin apuro, casi sonriendo. El llanto de una señora me distrajo y me acerqué para ver si podía ayudar. La mujer estaba en el fondo del pasillo, en la penúltima habitación. Cuando llegué abrió la puerta – ¿siempre estuvo cerrada? –, para llamar a los médicos pidiendo ayuda. Sobre la cama observé tendido al niño, parecía uno de los que vi caminar frente a mí: Estaba muerto.

Todo el mundo corrió pero no se pudo hacer nada, se había ido, y yo lo vi irse como en un sueño.

Eso es lo que te pasó, lo soñaste.

No fue un sueño, estoy seguro, esa maldita gota que caía no me dejaba dormir…

A las tres de la tarde el tránsito en Buenos Aires es endemoniado. La Avenida está atestada de autos que se apresuran por llegar a su destino. El pequeño animal seguramente no estaba apurado pero cruzó igual y su suerte le jugó una mala pasada. El conductor pensó quizás detenerse, pero el tránsito lo arrastraba y el golpe lo arrancó del asfalto. Cuando cayó contra el cordón ya estaba muerto. Sentí un nudo en la garganta y se me nublaron los ojos. Luego aclaré la vista y lo miré otra vez, como si saliera abriendo una puerta en el aire caminó hacia el pequeño perro, se arrodilló y con conmovedora ternura lo tomó entre sus brazos y se incorporó lentamente. Las patas del animal colgaban a los costados del cuerpo del niño, pero de pronto comenzó a moverlas y cuando éste lo bajó hacia el suelo, ambos corrieron hasta doblar la esquina, como jugando, despreocupados. Vi todo con tanta claridad que el cuerpo que yacía en la calle parecía irreal, una fantasía.

-¿Ves que no tiene lógica tu cuento? Salió corriendo pero estaba tirado en el asfalto.

Si, pero lo vi…no sé como explicarlo. No tiene sentido.

Las otras veces que he visto al niño no se lo conté a nadie. Si no ven lo que yo veo, para que seguir hablando. En silencio, como quien va al cine, observo todo en la pantalla grande que es el mundo.

Cuando llegue mi hora, no te olvides de mí, niño del cielo…

 Menciòn de Honor, Revista Guka,  viernes 5 de Agosto de 2011.

Sala Augusto Cortazar de la Biblioteca Nacional.

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