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Categoría: Cuentos, Infantiles

Blablar por Blablar

Paula Rusquellas

 

– Blablemos de algo – Dijo la Señorita Nariz de Enchufe al Señor Orejas de Mariposa y esperó y esperó pero se le hizo de noche y se tuvo que ir a una fiesta de disfraces.

Como ya tenía el enchufe se disfrazó de aspiradora.

En la fiesta que era fiesta de casamiento entre su amiga Cabeza de Maceta y el profesor Espalda de Ropero; conoció un montón de gente simpática, como los gemelos, de quienes se decía que eran dos gotas de agua y se habían disfrazado de pecera.

Se divirtió mucho aspirando los manies del plato del señor con Anteojos de Culodebotella y bailando parada de manos, que era la última moda de ese año. Pero aunque se divirtió en la fiesta jugando al boomerang con las bananas y haciendo estrambóticas construcciones con los canapés y los bocaditos, de lo que tenía más ganas era de seguir la conversación que había iniciado con el Señor de Orejas de Mariposa.

Después de brindar con los cucharones de sopa de remolacha y tirarles todos los restos de comida a los novios, los invitados se fueron desdisfrazando. Cada uno se peinó el bigote y el flequillo como todos los días, se calzó los guantes en los pies y los zoquetes en las manos y haciendo profundas reverencias se fue a su casa.

La señorita Nariz de Enchufe se sacó el vestido de aspiradora que tenía los bolsillos llenos de manies y aceitunas. Mientras se arreglaba el peinado mirándose en el espejito retrovisor de la madre de la novia (que tenía cuello de jirafa y se había disfrazado de taxi) le contó que el señor Orejas de Mariposa no le había contestado todavía. La madre de la novia que no paraba de hacer malabarismos con los merenguitos de la torta le aconsejó que fuera volando a blablar con él.

Sin pensarlo dos veces, la señorita Nariz de Enchufe fue dando saltitos de langosta hasta el banco de la plaza donde le había dicho “blablemos de algo” al señor orejas de mariposa.

Un chico con peinado de palmera le tiró el piolín de un barrilete y ella se puso a remontarlo. En el cielo nocturno lleno de estrellas cohetes y zapallitos el barrilete parecía brillar con luz propia. La señorita con nariz de enchufe que nunca había remontado un barrilete, se quedó con la boca abierta mirando para arriba y no se dió cuenta de que estaba acercándose al borde de la fuente, donde la estatua de una canilla tiraba chorritos de agua de colores.

Hecha un fideo de sopa y con el ovillo de piolín en una mano, aceptó con la otra mano la que le ofrecía un caballero para salir sin usar escalerita.

El caballero dueño de la oportuna mano no era otro que el señor con Orejas de Mariposa, que todavía estaba pensando qué contestar. Emocionada, la señorita con Nariz de Enchufe, lo miró a los ojos y le dijo entre dos estornudos -Blablemos de algo-. Él le ofreció un pañuelo muy arrugado y una frazadita que casualmente llevaba. Envuelta como una empanada, lo convidó con los manies que traía de la fiesta y algunas aceitunas pasadas por agua. Sin soltar el barrilete y dejando un camino de charquitos, insistió:

– !Blablemos!

– ¿Blablar de qué?

Se atrevió a preguntar el de Orejas de Mariposa, superando la timidez.

La voz del señor no era voz de corneta, ni voz de trueno ni de pajarito y la señorita cada vez más enamoradita, también se enamoró de su voz.

-Blablar por blablar…

Dijo queriendo oirlo un poco más.

A ella se le había llenado el pelo de bichos de luz que roncaban. Él, que no sabía que hacer con los carozos de las aceitunas quizo hacerle puntería a la luna… y por supuesto no le acertó. A la luna no le importó un pepino porque ya estaba por salir el sol.

La señorita con Nariz de Enchufe y el señor con Orejas de Mariposa se aburrieron de buscar un tema para blablar, no tienen nada que decir.

No más blablan por blablar…

 

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